15.1.12

Los amores juveniles son así. Obsesivos, absolutos, a todo o nada. Lo terrible es que muchos años después uno siga comportándose de la misma manera. Lo doloroso es que así se queda uno: siendo una obsesiva. Supuse que tenia que superarlo, pero nada parecía cambiar. Seguía en mi cabeza. Lo perseguía, lo buscaba, me escondía, lo llamaba. Me sentía necesitada de su voz, de sus palabras, de sus miradas. De mis inventos, de eso vivía. En mi cabeza podíamos ser felices y no entendía por qué no se concretaba mi sueño.

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